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La pandemia de COVID-19: un año después.

Eddy Pérez-Then, Dr. Med, MSP, MSPH, MBA, PhD.
Presidente de Two Oceans in Health. Director de la Escuela de Medicina de la Universidad Dominicana O&M (O&Med). Asesor del Ministerio de Salud para la mitigación de impacto de la enfermedad COVID-19.

La pandemia COVID-19 ha conllevado a una vigorosa y multifacética respuesta de los profesionales de la salud, en particular, y de otras esferas sociales, en general, que debe conducir indefectiblemente a convertir la crisis sanitaria y humanitaria, en oportunidades de mejora para la homeostasis económica-social que tanto anhela la humanidad. De manera particular, esta enfermedad nos ha permitido identificar una serie de lecciones aprendidas, que pudieran enumerarse de la manera siguiente:

  1. La pandemia encuentra a nivel mundial, sistemas de salud inadaptados al proceso de salud-enfermedad de sus países, prevaleciendo la reactividad ante las entidades mórbidas y una falta de proactividad como producto de un retardo en la implementación de las estrategias de atención primaria.
  2. En el caso particular de la República Dominicana, se esperó mucho tiempo para tomar medidas de preparación para la mitigación de impacto comunitario, cuyo rezago todavía permanece, sobre todo en el rastreo de contactos a nivel comunitario. De igual forma, en la República Dominicana, pudo haber tenido una mejor preparación para enfrentar el impacto de la enfermedad COVID-19 en el país, pues la brecha entre los primeros casos reportados (diciembre 2019) y el primer caso reportado en el país (1ro de Marzo 2020), fue de aproximadamente 3 meses, tiempo suficiente para haberse realizado una estrategia nacional de mitigación de impacto para esta enfermedad.
  3. La enfermedad desvela una caja de pandora en varias esferas del sistema de salud de la República Dominicana, incluyendo la gestión de recursos humanos de manera efectiva y proactiva, sobre todo en el ámbito comunitario, un déficit en la operatividad del sistema para dar respuesta a la identificación de casos mediante la realización de pruebas de detección por la técnica de reacción en cadena de polimerasa -PCR-, así como también en el reporte de casos y de muertes en tiempo real para la toma de decisiones oportunas (i.e. cercos epidemiológicos, auditorías hospitalarias, mejoría de la calidad de atención, entrega de insumos, etc).
  4. Al mismo tiempo, la enfermedad ha puesto de manifiesto la magnitud adaptativa del sistema de salud de la República Dominicana, observándose una capacidad instalada y reactiva para aumentar la disponibilidad de camas que ha permitido evitar un colapso del sistema y presentar mejores indicadores de impacto que los que se informan en la Región de Las Américas sobre las tasas de letalidad y de cobertura hospitalaria.
  5. Asimismo, la enfermedad COVID-19, ha puesto en evidencia la capacidad de resiliencia de la población dominicana, que no sólo ha acatado disposiciones restrictivas de envergadura, como la aplicación de toques de queda prácticamente por todo el período de la epidemia en la República Dominicana, sino también el cierre de las escuelas y limitación de personas en el transporte publico, que, aunque han repercutido significativa y positivamente en los indicadores de impacto de la enfermedad en el país, también pueden haber incidido en el comportamiento habitual de una población caribeña acostumbrada a un estilo de vida social basado en la calidez del trato humano, así como en la salud mental de los diferentes grupos poblacionales que la conforman, producto de un confinamiento ininterrumpido por un largo periodo de tiempo.

Con lo previamente expuesto se infiere que, a nivel mundial, la enfermedad COVID-19 suscita la necesidad de que los países incluyan en sus sistemas de salud Unidades de Salud Global que permitan la interconexión de sus países y puedan abordar fenómenos pandémicos de una forma mas proactiva y dirigida, según los intríngulis de la entidad mórbida que se presente y, que amenace, la homeostasis entre los indicadores de salud y económicos que permiten la sostenibilidad de las acciones a nivel mundial.

En lo que concierne a la República Dominicana, se percibe una mitigación de impacto significativa para la enfermedad COVID-19, sobre todo, si se compara con los indicadores de desempeño reportados en la Región de Las Américas. De igual forma, la enfermedad COVID-19, ha permitido identificar la capacidad de resiliencia de la población dominicana, así como también ha hecho aflorar las debilidades de un sistema de salud eminentemente reactivo, que reclama el cambio urgente de, una visión eminentemente asistencial, por un modelo de participación comunitaria orientado a la atención primaria que pueda revertir el proceso de salud-enfermedad que actualmente impera en el país.

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